Inesperada victoria del gobernador de Cumaná contra los holandeses en su ataque contra las salinas de Araya.

RELACIÓN DE LAS VICTORIAS QUE DON DIEGO DE ARROYO Y DAZA, Gobernador y Capitán general de la provincia de Cumaná, tuvo en la gran Salina de Araya, a 30 de Noviembre del año pasado de 622, y a treze de Enero de este año, contra ciento y cuatro navíos de Olandeses.

Aviendo avisado a su M. D. Diego de Arroyo y Daza su Gobernador y Capitán general de la provincia de Cumana, Indias de Tierra Firme, que los revelados Olandeses ivan a cargar sal a las Salinas de Arraya con mucha suma de navíos, y a esta causa estaban de ordinario con las armas en la mano, y le infestaban aquella provincia, y las vezinas a ella, suplicando a su Magestad pusiese remedio necesario, con que cesarían tantos daños, y por su Consejo de Indias, se resolvió se enviase a fortificar aquella Salina, y ordenó fuese lo necesario en los galeones de la guarda de las Indias, y por la pérdida que de Capitana y otro galeon huvo en la barra de san Lucar no tuvo efecto.

Entendido por el Sargento mayor Gaspar Flores de Caldevilla, vezino de aquella provincia, que estaba en esta Corte, hizo muy apreta las diligencias con su Magestad, y los de su Consejo y junta de guerra, para que como cosa que tanto importava al servicio de su Magestad, se enviase los infantes y artillería, y demás pertrechos en compañía de la flota de Nueva España: y últimamente resolvio, en que en la flota fuese el socorro, y salió de la vahia de Cadiz a 17 de Julio de del año pasado, y con buen tiempo surgio en el puerto de Cumana a 18 de Agosto del dicho año, siendo bien recibidos del Gobernador y vezinos.

A los 19 del dicho comenzó el Gobernador a prevenir materiales, bastimentos, y otras cosas, para comenzar a fortificar aquella Salina, y embió al Capitan Pedro Marchan con veinte vezinos negros, e indios cantidad, con herramientas, dándole orden para que le limpiasen un cerro que está sobre el puerto de la Salina, donde don Luys Faxardo general del Oceano el año de cinco, ahorcó a un corsario llamado Damiel de Moxaron: avisó a don Andrés Rodríguez de Villegas, Governador de la isla Margarita, para que se viesen juntos en la Salina.

A los 24 del dicho salió de Cumana, y en su compañía, el Sargento mayor Gaspar Flores de Caldevilla, y otros muchos vezinos de Cumana: ese mismo dia llegó el Governador de la Margarita, con la gente principal della, y juntos ambos Governadores y otros Capitanes y personas de quenta, el dicho Governador don Diego de Arroyo les dio parte de lo que su Magestad le mandava, diciendo que como cosa que tanto convenia al servicio de su Magestad, el acertar en su hecho, no quería determinarlo por solo su parecer, y asi quería el de todos: de forma que su Magestad fuese servido, y el que a el le parecía era se plantase luego el artillería; se pusiese en defensa aquella Salina, y el sitio mejor y mas conveniente era el cerro de Damiel, porque de allí desaloxaria del puerto al enemigo, y quitado el pueto, le quitavan la sal al enemigo.

Convinieron todos en el parecer de dicho Governador solo en plantar el artillería, y poner en execucion lo propuesto, huvo algunas dificultades, a que satisfizo el Governador con muy fuertes razones; y asi se puso en execucion lo propuesto: faltó la Infantería en tierra, tomoseles muestra, y a los treinta de Agosto el artillería estaba encavalgada, y puesta sobre el cerro: pusieronle nombre, Santiago de Arroyo. A los 31 se volvió a su isla el Governador y sus vezinos; quedó el nuestro en el nuevo fuerte trabajando de dia y de noche con la Infanteria, y algunos negros que avian traydo de Cumana: comenzó a cercarse de cestones por la parte que mira al mar el fuerte; y a esto acudeiron los infantes, a los quales regaló con mucho refresco en la costa, y en breve tiempo, por su mucha solicitud y cuydado, y gran trabajo de la infantería, se halló cercado: aviase echo un alojamiento grande para el reparto de los infantes, aviendo padecido mucho trabajo en campaña antes que tuviesen alojamiento por las muchas aguas que llovia.

A los 25 de Noviembre avisó el velador, que parecían dos naos, y venían la buelta del puerto, las quales llegaron aquella tarde a vista del fuerte, y surgieron una legua del. A los 26, por la mañana, dieron la vela, y vinieron a querer meterse en el puerto: mandó el governador le tirasen dos piezas, y reconocida la artillería por el enemigo, dio por abante, y se bolvió a surgir donde avia salido. El Governador tuvo por cosa cierta que aquellas dos naos traían mas compañía, y aunque se hizieron grandes diligencias para tomarle alguna gente, no tuvo eseto: embio a su Sargento mayor Juan Ragel de Serta, y a los oficiales reales, le embiasen bastimentos, mas municiones, que aunque avia mucho dentro del fuerte, quiso estar bien apercibido.

A los 27 del dicho, le vino aviso del velador, que entre Tierra firme, ya la isla del Coche, parecían veynte navíos: dentro de dos credos llegó otra, que eran 30; llegó otra, que eran mas de 40 naos: causó muy gran cuydado esta nueva, mas el valeroso D. Diego animando a todos comenzó a prevenir lo necesario, cerró la parte de la comunicación del servicio del fuerte: embio los negros del trabajo a sus dueños, no los queriendo arriesgar: puso a las municiones y bastimentos al Sargento mayor Gaspar Flores de Caldevilla: encomendó otras del servicio de su Magestad, al Contador Chistoval Delgadillo de Sotomayor que le cogió esta nueva en el fuerte, quedando solamente con sus infantes y artilleros, y el padre Mansilla Capellan, y Miguel Perez vezino de Cumaná, y vio sus poderes para la administración de justicia y de guerra, al Capitan Pedro de Marchan persona de mucha quenta, y gran soldado, embiandole las ordenes para la guardia de la ciudad, y puertos.

El armada del enemigo fue pareciendo, y desde las tres de la tarde hasta la noche fue surgiendo una legua del fuerte donde estavan las naos primeras, el governador y su teniente acudían a hacer los reparos que la necesidad enseñava, pusieron aquella noche sus postas, encargando la buena guarda, y no se durmio en tada la noche, acudiendo a los reparos necesarios.

Martes a los 28, al amanecer largó la capitana del enemigo, cevadera y vela de gavia, lo mismo hicieron las demás naos la vuelta del fuerte, y llegando a tiro de pieza, comenzó la yra de su artillería, la del fuerte no se descuydava en hacer lo mismo, y aunque el enemigo recibía mucho daño, no fue bastante para que no surgiesen, y entrasen en el puerto, cercándole por las dos partes que baña el mar, no cesando de jugar su artillería, llegó la noche con que cesó la batería, siendo Dios servido que los nuestros no recibiesen daño, sino un hastillazo que hirió al Sargento Juan Gomez, cosa de poca consideración: quedaron los nuestros muy contentos, y con gran animo. Visto el poco efeto que avia hecho tanta pujanza de artillería como el enemigo avia tirado, aquella noche se doblaron las postas, se iva reparando lo necesario, acudiendo el Governador y su teniente, y demás oficiales a lo mas menesteroso, el enemigo se fue retirando a tierra con sus naos, y al amanecer empezó la Capitana, y Almiranta a jugar su artillería, y las demás hizieron lo mismo, con mayor pujanza que el dia pasado, de la fuerza se jugó la nuestra con orden que dio el Governador, que si no fuese muy cierto, tiro no se disparase:

en el interin que se jugaba la artillería de una y otra parte, ordenó el Governador se hiziese una entrada encubierta para el reparo y defensa del fuerte: trabajó este día la Infantería, y el teniente don Juan de Vargas: duró la batería hasta la noche, con que cesó el enemigo por entonces, aviendonos herido Andres de Castro natural de Burgos, que murió de allí a quatro días, considerando el Governador, que de tan gran batería había de resultar echar gente en tierra, acordó hacer un trincherón aquella noche por la parte de la comunicación del fuerte, y por donde se entendía el enemigo avia de envestir: repartidas sus postas y guardas, con la demás gente, empezó la fabrica, y en breves horas se acabó con mucho trabajo, y agua que llovió del cielo, acudiendo el dicho Governador, y su teniente a todas partes:

al rendir de la moderra llegó aviso de don Diego de Castro, que venía gran cantidad de lanchas a tierra, y se vieron hacer seña en todos los navíos de luzes: al punto el Governador fue requiriendo sus puestos, y soldados, encargándoles la buena guardia: volvió avisar don Diego de Castro: el enemigo echava mucha gente en tierra, el Governador se fue previniendo para aguardarle, y resistir su furia, bolviole a avisar que el enemigo marchava la vuelta del fuerte con un escuadrón de seiscientos hombres, mandolo retirar al fuerte, y el se a armar, teniendo tan confianza en nuestro Señor, y en el glorioso san Andrés, que en su dia le avia de dar vitoria, prometiendo en nombre de su Magestad muchas Misas si le alcanzava:

fue requiriendo los puestos, animando a los soldados, poniendoles por delante el servicio de Dios, y de su Rey, y que pelearan como Españoles: quedaron contentos, y prometieron de morir en defensa de su fuerte, y al lado de su Governador: pusose en un cuerno del trincheron, y su teniente en otro, la mosquetería repartida en sus puestos, aguardaban con gran valor al reyr del dia:

el enemigo dio vista al fuerte, y empezó a dar carga con su mosquetería, y acercándose al fuerte, apellidando vitoria, pidiendo que se rendiesen: el valeroso Governador y su teniente animando a sus soldados, mandó que diese una carga al enemigo, y fue de manera, que lo hizieron detener, que ya estaban a medir picas sobre el mismo trincheron:

la escaramuza empezó de una y otra parte, y cayó luego Juan de Santamaria natural de Sevilla: salió dentro de los nuestros una voz apellidando vitoria, y que avia derribado al General, y al que traía la vandera: bolviose a refrescar luego, y el valerosos Governador animando a sus soldados les fue dando gran carga de mosquetería, y alcabuzeria, de forma que el enemigo visto los muertos que tenia a sus pies, y la gran resistencia que le hazían, volvió espaldas, y a gran priesa, y sin orden se fueron retirando a sus lanchas que avian dexado con gran escolta de gente:

del fuerte salieron algunos soldados en el alcance, y los primeros fueron Miguel Andrea, Iusepe Flores de Caldevilla, el ayudante Matías de la Carrera, Gregorio de la Vega, y Melchor Rodríguez natural de Xerez, y Francisco Indio del Reyno: juntaronse otros diez y seis soldados con ellos, que dieron muy buenas cargas al enemigo, al tiempo que se embarcava un Olandes, no las pudo alcanzar, fuele forzoso echarse a la mar para yrse a sus baxeles: acudió Iusepe Flores de Caldevilla, y se echó tras el para quererle sacar a tierra, como lo hizo, ayudado de Francisco Indio del Reyno, el qual se llevó al Governador vivo, mando le llevasen a reconocer los muertos, y el Olandes declaró estar allí su General muerto, y otras cosas:

las lanchas se recogieron a sus baxeles, y quitaron las vanderas de quadra y gallardetes, y la Capitana y Almiranta sus standartes con señal de gran sentimiento, empezaron a levar ancora, y a salir del puerto, mas el Governador no cesando un punto mandó se jugase la artillería del fuerte, fue tanta y tan bien empleada, que se hacia mucho daño al enemigo, y en particular a la Capitana, y Almiranta que estaban más cerca de la fuerza, y el viento era escaso: no pudieron salir tan breve como quisieran, davanles tanta priesa con la artillería, que les fue forzoso largar los cabos por la mano, y dexar las ancoras en el puerto, y no por eso el enemigo dexava de jugar su artillería, como los días pasados fueron saliendo, y haziendose a la vela, se urgieron a donde la primera vez, aderezándose y dando lado a sus naos del daño que avian recibido: echaronse tres naos a pique, y se entiende fueron mas:

Los nuestros quedaron dando gracias a Dios por tan insigne vitoria, y al Governador muchos parabienes del buen suceso. No por ello se dexó de estar con mayor vigilancia, y cuidado, y se fue reparando lo que más convenia, y necesitaba: y aquella noche se pusieron sus postas en sus puestos como de antes: a media noche entró aviso de que estaba el Capitán Rafael de Pedrosa con cien Infantes, cinquenta Indios flecheros de socorro, de los lugares de la tierra dentro de Cumaná: diose orden para que entrasen, y fueron bien recibidos.

A primero de Diziembre Viernes a medio dia llegó aviso al Governador, como a vista del fuerte estavan ciento y cinquenta Infantes, cien Indios flecheros con el Capitán Juan Perez de Amparan, que los inviava de socorro, don Andrés Rodriguez de Villegas Governador de la isla Margarita: ordenoseles que entrasen en el fuerte, y fueron muy bien recibidos, aunque ellos y los de Cumaná muy penosos, por no averse hallado en la ocasión con el enemigo para mostrar su valor.

A dos de Diziembre vino aviso del velador, que venía diez y seis naos por la canal de Tierrafirme, y Coche, las quales surgieron aquella tarde con las demás, quitando la vandera de Capitana y Almiranta, quedando debaxo de las que estaban sueltas: no dexava el Governador de prevenir, y fortificar las partes que la experiencia de la guerra avia enseñado, y con mayor vigilancia y cuidado se estaba entendiendo, que el enemigo bolveria a probar la mano con el nuevo socorro.

El dia siguiente tres de Diziembre, la Capitana echó vandera de consejo, y a medio dia se vio salir una lancha a la vela con una vandera blanca la vuelta del fuerte: mando el Governador salir fuera del fuerte a la playa al Capitán Juan Perez de Amparan, y a su tiniente don Juan de Vargas, y otras personas, para que detuviesen la lancha, y no la dexasen llegar al fuerte, y viesen lo que querían: llegó la lancha a tierra, y saltó un hombre con una carta para el Governador que se le llevó luego, y la abrió en presencia de algunas personas de satisfacción: pedia el enemigo le volviesen los prisioneros que se le avian quedado en tierra, y los muertos, y que le rindiesen la fuerza, y dexaría salir libremente los Infantes sin hacerles daño ninguno, y que de no hacer lo que le pedia le avia de degollar, a el, y a todos quantos avia en el fuerte: fuele respondido, con la prudencia y sagazidad que convenia: la lancha se bolvió con la respuesta, y los navíos se estuvieron aderezando, y en el fuerte con muy gran prevención, para lo que podía suceder.

A los siete del dicho, se vio venir otra lancha a la buelta del fuerte con vandera de paz, bolvió a embiar el dicho Governador al dicho Capitan, y su tiniente, a donde acudió la lancha con otra carta de muy grandes amenazas, sino le dexavan sacar sal de la Salina, y que dexandosela sacar serian grandes amigos, y le regalarían mucho. El Governador le respondio, que su Rey le tenía allí puesto para defenderles que no tomasen la sal, y que asi no podía conceder con lo que le pedia, sino pelear hasta morir, y que no le bolviesen a embiar mensaje ninguno, porque avia de ahorcar al que lo enviase.

Todo este tiempo estuvo el enemigo aderezando sus navíos, y enterrando los muertos, que según después se vio, fueron muchos, por las muchas sepulturas que se hallaron.

A los ocho de Diziembre al rendir de la modorra se hizieron a la vela, y al amanecer se vieron a una vista la buelta de Santo Domingo: el Governador y los del fuerte quedaron dando gracias a nuestro Señor, por verse libres de tan poderosa armada: no consintió el Governador salir del fuerte ninguno de los socorros, hasta ver si el enemigo bolvia al puerto.

A treze del mes se fue el de Cumaná, y el de la Margarita a su isla, agradecido el Governador del servicio que avían hecho a su Magestad: en la Margarita y Cumaná se hizieron grandes rogativas, y procesiones al tiempo que dava la batería el enemigo, pidiendo a Dios nos librase de tanta fuerza de enemigos. El Governador fue previniendo lo necesario, y haciendo otras nuevas fabricas, quando a los treze de enero deste año vino aviso de la vela, como venia una armada de quarenta y un vela, llegaron a surgir a donde las otras: traían quatro Capitanas y Almirantas, no causó mucho espanto en el fuerte por la división de tantas cabezas.

A los treze por la mañana se hizieron a la vela la buelta del fuerte, y por esquadras se ivan bizarreando, y jugando su artillería, surgieron apartados del fuerte las mas de las naos, y las que surgieron mas cerca dieron muestras de querer echar gente en tierra: dioseles tal carga con el artillería del fuerte, que les fue forzoso levar ancoras, y bolverse a surgir a donde avian salido. El dia antes avia entrado el socorro de Infantes y Indios flecheros de la isla Margarita, con el Capitán Iorge Gomez, que lo embio su Governador don Andres Rodrigiez de Villegas.

Otro dia quince del dicho, se hizo el enemigo a la vela, y se perdió de vista del puerto: vino sobre tarde aviso del velador, como el enemigo bolvia la buelta del puerto. Fueron a surgir otro días diez y seis del mes al puerto de Iuaranachentar, y echaron aquel dia quatrocientos hombres en tierra con dos caxas, y dos vanderas, y sus pifaros, y vinieron marchando la buelta de la salina: tuvo animo el Governador por el velador, y por las caxas que se oian en el fuerte: la gente de la Margarita pidió al Governador les dexase salir en busca del enemigo, dioles licencia, y ansi fueron luego: el enemigo marchó por tierra rasa, y en dando en matorrales, y arboledas, se retiró a sus naos, y asi no hizieron efeto los de la margarita, que bolvieron al fuerte.

Aquella madrugada a los 18, el enemigo subio una legua mas arriba al puerto de Mero, y echo otra vez su escuadra en tierra: avia salido hasta veinte Infantes y Guarquerias a caza de venados, y conejos, y el enemigo los divisó, y así como los vio se bolvió a retirar a sus naos. Y a los veinte del mes se hizieron a la vela, dexandolos desembarazados los puerto: los de la Margarita se fueron a su isla, y los del fuerte a su acostumbrado trabajo y fortificación.

En la refriega del dia de san Andrés se hallaron de despojos muchas armas de fuego, chuzos, picas, palas, hazadas, y hojas de hierro, señales que se yva a fortificar: avia levantado un trincheron muy cerca del fuerte de una vara de alto, y como les sucedió mal, no pudieron conseguir su intento. Trabajó en esta ocasión muy bien el Sargento Iuan de la Cruz y Almenara, que por su trabajo se le dio la alabarda.

Sea glorificado nuestro Señor por las mercedes que nos ha hecho, y librado de tantos enemigos.

APROVACION

Por mandado del Señor don Gonzalo Perez de Valenzuela del Consejo de Su Magestad, he vista esta relacion, y es cierto lo contendio en ella, como me he informado, y ser del brazo poderoso de Dios esta vitoria para gloria suya, y de nuestros Españoles, que con su facer siendo tan pocos en numero la consiguieron contra tantos enemigos de nuestra Santa Fe Católica, y por no aver cosa alguna contra ella, ni contra las buenas costumbres, podrá su merced del Señor don Gonzalo servirse de mandar se de licencia para imprimirse, y lo firmé en Madrid a nueve de Iunio de 623 años.

Don Juan de Zaldierna y Navarrete.

CON LICENCIA

En Madrid, Por la viuda de Alonso Martin.